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Notas críticas sobre la historia de la pedagogía en América Latina

La pedagogía junto con otros saberes ha sido un movimiento de cambio en el pensamiento latinoamericano entre 1960 y 1980; esta nueva conciencia deriva en el reconocimiento de la contradicción irresoluble entre dependencia y liberación en las pedagogías y el pensamiento latinoamericano en general.  A sabiendas de la inmensa cantidad de modelos pedagógicos impuestos en esta parte del continente, Nassif propone una reflexión seria que se bifurca en dos caminos pedagógicos: el que está sustentado en la dependencia, es decir, en aquello que los países hegemónicos propongan y el que se basa en la crítica a esta dependencia que se convierte en el modelo liberador; estos dos puntos de partida permiten un reconocimiento profundo de lo que ha sido el proceso histórico de la pedagogía en Latinoamérica.

Nassif postula las vehementes fisuras entre teoría y práctica pedagógica, él afirma que las revoluciones sociopolíticas de los países conllevan a nuevas teorías y prácticas en todos los niveles, que este movimiento de cambio tiene una pedagogía propia que le subyace.  Sin embargo, aún existen fronteras infranqueables entre la teoría y la práctica que siguen haciendo de la pedagogía un discurso que construye ideales a partir de la realidad, pero que no la transforma de acuerdo a ese discurso.

Latinoamérica durante el siglo XX sufre diversas revoluciones y cambios continuos de visión de su realidad y situación frente al mundo, cambios que condicionan profundamente el pensamiento y la actividad social, de ahí que el discurso pedagógico se vea afectado por estos movimientos e incluso haya aportado elementos claves a este; sin embargo, existe una fisura entre el discurso pedagógico y su práctica, esta fisura se da esencialmente en la relación de la pedagogía con la realidad concreta de cada país. Nassif lo postula así:

En lo expuesto caben dos conclusiones que se derivan por sí solas. La primera confirma lo sabido: no hay cambio educativo real sin proyectos nacionales en marcha, generadores o acogedores de orientaciones pedagógicas teóricas que sirven o explican prácticas educativas renovadoras. La segunda lleva a sustentar que no hay teoría pedagógica innovadora o transformadora si no se finca en un proyecto igualmente innovador, aun cuando éste sea una utopía, y las mismas pedagogías sean las portadoras de esa utopía. Claro es que tomando la utopía en su significado de proyecto viable en algún momento de la historia, y no como un sueño irrealizable.  (Nassif, 1984, p. 95)

De ahí que es necesario plantearnos utopías realizables, posibles, que permitan construir en primer lugar un Estado tejido por distintas redes, pero con un proyecto común de movimiento estructural, que modifique lo profundo y no la superficie de los problemas que este manifiesta; por su parte Pérez Gómez afirma:

Establecer la diferencia entre utopía y utopismo marca la distancia entre una doctrina pedagógica válida para engendrar cambios y otra meramente ilusoria.  La primera se encuentra —como corresponde a toda pedagogía que se precie— en el justo cruce de la realidad con la idealidad; la segunda es apenas una idealización exclusiva y, por ende, vana. (Pérez Gómez, 1981, p. 210)

Y en este asunto es fundamental, como lo fue en el Estado clásico el papel de la educación, porque mediante ella se hace posible el cambio de mentalidad y se ofrece una mayor amplitud de horizontes para afrontar las problemáticas históricas que aún persisten y no han podido ser tratadas convenientemente.

Ahora bien, con esta reflexión sobre pedagogía puedo decir que la institución educativa en la que me encuentro desarrollando mi práctica docente quiere formar cierto tipo de ciudadanos, personas para el trabajo que sean “útiles” o como muchos lo llamarían (me incluyo entre ellos) mano de obra, los cuales se limitarán a ser empleados y no empleadores; busca organizarlos para cumplir con determinados fines, con objetivos establecidos a partir de lo que es deseable para una “sociedad” donde no se enseña a crear pensamiento ni reflexión crítica sino a obedecer sin protestar.

En síntesis, la crisis de la educación es sencillamente un problema de pertinencia, es decir de la relación que se establece entre los sujetos de la educación y su realidad inmediata y global.  En esta línea, la visión tradicional del estudiante como aquel que recibe y repite, pero no innova o genera sus propios conocimientos es rebatida, puesto que ese tipo de estudiante no tendrá mucho que aportar a la construcción social, política, artística, científica, etc. en la que está envuelto, independientemente de sus condiciones económicas; la posibilidad de pertinencia y de transformación adecuada por parte de los estudiantes tienen en cuenta su contexto. No obstante, es posible que en algunos lugares o instituciones educativas sean necesario procesos extremos que resuelvan inicialmente otras problemáticas de orden básico (alimentación, vivienda, salud).

Es necesario para transformar la educación en América Latina, hacer una apuesta plena por la liberación de la mirada hegemónica de Occidente y buscar nuestros propios caminos.

Referencias bibliográficas

Nassif, R. (1984). Las tendencias pedagógicas en América Latina. Buenos Aires: Kapelusz S.A. Recuperado de https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/8549/S37019N268_es.pdf?sequence=1

Pérez Gómez, A. (1981). Ideología y ciencia en la escuela. Cuadernos de realidades sociales, 18/19; 201-213. Recuperado de https://dialnet.unirioja.es/ejemplar/301410

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