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Mi nuevo rol de docente

¿Qué quieres ser cuando seas grande?, es la pregunta que a todos nos hacen cuando somos pequeños y estamos cursando nuestros primeros años de estudios, es normal que al reflexionar sobre la pregunta pensemos claramente en la profesión que vamos a escoger; desde muy pequeños soñamos con poder tener un trabajo y de alguna manera deseamos poder ayudar a las personas con lo que decidamos seguir profesionalmente. Recuerdo claramente que uno de mis deseos de niña era ser profesora, aunque no tenía consentimiento de lo que esa palabra significaba, pero también deseaba ser bailarina, modelo y hasta astronauta. Con el paso del tiempo surgieron para mí deseos de seguir otras carreras, pero la docencia estaba definitivamente descartada,  pues en realidad empecé a mirar esa profesión con otros ojos, pues creía que era algo demasiado fácil; los profesores solo están para cargar de trabajo a sus estudiantes y calificarlos, nada más, eso era lo que siempre me imaginaba, quién diría que ahora es mi presente y mi futura vida.

El amor por la tecnología, me llevó a tomar la decisión de estudiar informática, pero siendo ésta una licenciatura sabía que me enfrentaría a algo más allá de la simple tecnología, el día a día en mi carrera me hizo abrir los ojos y darme cuenta que en realidad lo que más aprecio de ésta profesión no es la informática en sí, sino la pedagogía que me enseñó la importancia del ser docente. La docencia es para mí quizá la profesión más completa existente en la humanidad, no es nada comparado con lo que anteriormente pensaba, que equivocada estaba, un docente no es un ser que imparte autoridad y  comparte nuevos conocimientos con el fin de reprobarlos o aprobarlos, sino que es una persona que busca ante todo la educabilidad del ser humano de manera integral, debe reflexionar acerca de lo que está ocurriendo con sus estudiantes, debe además ser un ejemplo de buenos modales y comportamientos, debe inspirar sabiduría aun no teniéndola completamente, en pocas palabras de ser algo así como un ser “perfecto”.

Ha  llegado el momento, la hora de la práctica pedagógica, donde puedo evidenciar todo lo que un docente vive en su día a día, lo arduo y riguroso que debe ser su proceso de formación para con los estudiantes, lo difícil de intentar ser ese ser perfecto, es ahora cuando soy consciente que este rol docente es algo más que preparar clases, actividades, evaluar y adiós; ser profesora me ha implicado intentar encontrar el significado exacto o al menos aproximado de lo que es una real formación, ya que estoy segura que ésta debe traspasar el solo sentido de la trasmisión de conocimientos, de llegar al aula cargada de saberes para darles a mis estudiantes y pedirles que los memoricen, la formación del ser humano es una gran responsabilidad que reposa en su mayoría en los profesores, claro está que la palabra formación está mal entendida con el solo hecho de llenar cabezas de conocimientos disciplinares, pero para mí esto va más allá. Al llegar mi primer día al aula de clases me di cuenta que mis estudiantes necesitan más que solo saberes, que van a su escuela con la necesidad de crecer como personas, de aprender a vivir y convivir fuera de sus hogares y ven en mí esa persona capaz de ayudarles a descubrir sus ideales.

La formación no se limita a la adquisición de conocimientos o de formas lógicas de concebir la realidad, estas son, quizás, sus aspectos más técnicos, los cuales se han encargado en el discurso de muchos de reducirla un elemento operativo y de referencia en los modelos educativos; por el contrario, la formación, en el sentido acá expuesto, adquiere una connotación más humana, que no permite ser modelada, ni controlada, pues para que esta sea posible debe surgir  en la espontaneidad (Noreña, 2017, págs. 10-11).

Tal como lo dice en la afirmación anterior debo comprender que la formación debe enfocarse a encontrar ese lado humano que es el que realmente necesita crecer y fortalecerse, los aspectos técnicos no son más que repeticiones de frases o teorías de autores que por ley debemos seguir. Ahora puedo estar segura que la responsabilidad que está sobre mí es inmensa, requiere de una formación de día a día  y no solo académica, no sólo vas a la escuela a enseñar sino también a aprender de tus estudiantes y de las experiencias que vives en el aula, un buen profesor no es rico en conocimientos sino en humildad de entender que no todo lo conoce, “El novel profesor deberá saber los límites de su ignorancia a través de la reflexión sobre sus prácticas. No lo sabe todo. Será preciso un baño de humildad y un despojo de actitudes y posiciones rígidas” (Careaga, 2017, pág. 5). Es así como el desafío es aún mayor y no puedo negar que en ocasiones me asusta un poco porque no hay un escrito donde diga cómo ser un buen docente formador, no hay reglas que seguir al pie de la letra para lograr serlo, solamente debes estar convencido de la  responsabilidad que esta profesión abarca y lograr combinar tus actitudes, habilidades, conocimientos y valores; apreciar la oportunidad que mi profesión me concede de poder seguir aprendiendo todos los día algo nuevo sobre como asumir mi nuevo rol docente y  reconocer que los docentes no somos una biblioteca de saberes.

Referencias

Careaga, A. (2017). el desafio de ser docente. Recuperado de http://www.medfamco.fmed.edu.uy/Archivos/pregrado/Ciclo_Introductorio/Materiales/Ser_docente.pdf

Orrego, J. (2007). La pedagogía como reflexión del ser en la educación. Revista latinoamericana de estudios educativos. 3(1),  10-11.

 

Acerca de ... PAOLA ANDREA RODRÍGUEZ SOLARTE

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4 comments

  1. HARLEY ALEJANDRO MORALES RUALES

    La razón por la cual decidí seguir la profesión de la docencia, es que me fascinó la parte social y humana que se puede desarrollar a través de la interacción directa con otras personas, desde el rol del profesor. Rol, que se ha presentado a lo largo del tiempo y por medio de una pedagogía tradicional como una figura de autoridad y de fuente de conocimiento. Ortiz (2009) afirma: “el profesor asume el poder y la autoridad como transmisor esencial de conocimientos, quien exige disciplina y obediencia, apropiándose de una imagen impositiva, coercitiva, paternalista, autoritaria” (p.38).
    Pero el tiempo ha cambiado; aunque el rol del docente antes mencionado, nunca debe ser despreciado ni echado al olvido; si es necesario resaltar que en la actualidad el papel del profesor se ha ido modificando, para convertirse, desde mi punto de vista, en el rol de un trabajador social, que debe esforzarse no solo por enseñar un campo del conocimiento, sino que también debe preocuparse por el acontecer diario de la vida de sus estudiantes, es decir, conocer sus ilusiones, su sueños y sus preocupaciones de tal manera, que a través de la palabra y de los hechos concretos pueda arrancar de las manos de la desgracia y la decadencia humana, algunas almas para que así pueda ayudarlas a encontrar su camino o a realizar su proyecto de vida.
    Por tanto, es ese rol del profesor, que no se encierra solamente en su figura de autoridad sino que es capaz de ir más allá de solo una clase, el que me cautiva; aunque talvez me falta experiencia y la formación profesional recibida hasta el momento no cubra todos los aspectos que conlleva esta labor, quiero permitirme soñar en que pueda lograr llegar a ser ese docente que marca vidas, de manera positiva. Ortiz (2001) afirma: “La figura del maestro rebasa todas las expectativas de su formación profesional académica, por la Misión que representa: SER DESPERTADOR Y FORMADOR DE CONCIENCIAS” (p.41).
    En mi época de estudiante de colegio, no pude apreciar de manera consciente la importancia de la intervención docente en mi vida, pero desde este punto de mi existencia, me he podido dar cuenta cuán poderosa fue, en especial las palabras, de cuales, alguna vez escuche de un profesor que tenían la potestad de edificar o de destruir una vida, en este orden de ideas, haciendo un recuento de mi vida escolar, puedo recordar muchas de las palabras que en cierta medida ayudaron a formar mi carácter y la persona que soy hoy en día, ya sea que hayan influido de manera positiva o negativa, quizás no recuerdo los nombres de las personas que las dijeron ni que tanto me enseñaron en su materia, pero sí recuerdo los mensajes que querían transmitir.
    Por esta razón mi sentido de ser docente es ayudar a transformar vidas a través de las palabras y las acciones, porque como dicen popularmente: de nada vale predicar y no aplicar.
    “Mirar un poco más allá de una clase y preocuparse por eso, es ser docente” (Morales, 2018).

    Referencias.

    Ortiz, G. (1995). Realización profesional docente. México D.F.: Editorial Progreso.
    Ortiz, A.L. (2009). Pedagogía y docencia universitaria tomo 1. Colombia: Editorial Antillas.

  2. MARÍA ALEJANDRA LUNA PANTOJA

    La docencia ha sido denigrada por la sociedad, ya que nos hacen creer que es una labor sencilla, que ofrece beneficios como vacaciones pagadas, trabajo “medio tiempo” y te puede asegurar un puesto fijo y estable. Desacreditar a las licenciaturas comienza en el momento que los estudiantes salen de los colegios y el puntaje obtenido en las pruebas de estado es bajo y no alcanza para ingresar a la carrera que en verdad se desea y las personas lo aconsejan diciendo cosas como “preséntese a la universidad a cualquier licenciatura que a eso si pasa y después se cambia de carrera”. Ser docente no es sencillo, implica mucho compromiso, responsabilidad, conocimiento en la disciplina que se maneje, entrega del tiempo libre para revisar cuadernos, exámenes o hacer planeación para las clases siguientes.
    La profesión docente es una de las más desafiantes, ya que influye directamente en la formación de los nuevos ciudadanos. Sin embargo, es una vocación que se pone a prueba día a día, hecho que hace a la educación una profesión que no cualquiera puede llevar a cabo. (Universia Perú, 2015)
    Ser profesor no es una labor fácil como muchas personas lo pueden creer, e incluso hasta yo misma lo creía.
    Sinceramente la docencia nunca estuvo en mis planes de vida, mi primera opción para ingresar a la universidad fue medicina veterinaria, pero por cosas de Dios, el destino y tal vez el puntaje del icfes, ingresé a licenciatura en informática aun sabiendo que no era lo que yo quería. Cuando el tiempo pasa haces amigos, conoces a los profesores, te encuentras con materias que te agradan y otras que te disgustan, te interesan temas que no imaginabas que te gustarían, y así vas encontrando el gusto por lo que haces. En mi caso, me di cuenta que aunque había materias que no me agradaban y la verdad “no daba con bola”, habían otras materias que sí llamaron mi atención he hicieron que me quedara en esta carrera. El hecho de encontrar excelentes profesores con vocación para enseñar, que brindaban su conocimiento de una forma amena, y el observar en cada una de sus clases la pasión que tienen por su profesión, me hizo querer ser igual a ellos para poder yo misa impartir mis clases de una manera diferente, influyendo en los niños sin necesidad de regaños y/o amenazas, haciendo que el conocimiento que les puedo brindar sea útil para sus vidas, y también poder ayudar en los conflictos presentes en los hogares de los niños para que ellos puedan salir adelante, estudiar y tener un buen futuro.
    Considero que desde la educación nuestra sociedad puede cambiar y puede ser mejor. Pero ¿Cuál es la realidad que enfrenta Colombia? Esta es la realidad en la que vivimos, estancados en una educación fundamentada para el trabajo, que no va más allá de una educación para la mano de obra en masa, que no explota las habilidades de los estudiantes, que generaliza un conocimiento sin tener en cuenta el contexto cultural y social de cada escuela o colegio y que tampoco tiene en cuenta las necesidades reales que los niños con discapacidades, ya sean físicas o cognitivas presentan.
    Las escuelas, en la actualidad, reciben una fuerte presión o demanda. Ésta consiste en que sus programas y acciones educativas se orienten a preparar a niños y jóvenes, de ambos sexos, para incorporarse al mercado laboral. Seguramente su manifestación más nítida sea la educación llamada por competencias. En ella una parte medular son las competencias laborales. (Ibarra, 2017)
    Anteriormente comente que no concebía la licenciatura como proyecto de vida, pero hoy en día eso cambio, creo que desde la educación, específicamente desde la docencia podemos cambiar la educación en Colombia. El cambio empieza por uno mismo y yo empezaré con mis cursos asignados en la práctica, ya que son niños de edades pequeñas y es más fácil poder averiguar sus diferentes destrezas y habilidades.
    Me quede en esta carrera porque me di cuenta que la educación está siendo mal llevada al no darle real importancia a aspectos como la creatividad y otros que no están contemplados en las pruebas de estado. Sé que desde mi rol como futuro docente puedo mejorar por medio de la educación la vida de muchos niños que no tienen un horizonte pero que tienen mucho potencial para salir adelante, y aunque mi plan inicial no era ser docente, en los días que llevo dando clase me he dado cuenta que me gusta compartir con los niños, me gusta enseñarles, me satisface saber que lo explicado si fue entendido y lo evidencio cuando hablan y se expresan con propiedad del tema que se está tratando; o por el contrario, si los niños no entienden lo que les estoy explicando, me frustro y pienso que no me estoy dando a entender de la mejor manera y trato de buscar nuevas alternativas para enseñarles y que entiendan e interioricen el conocimiento.

    Referencias
    Universia Perú. (2015). 6 motivos para elegir la carrera docente. Recuperado de
    http://noticias.universia.edu.pe/educacion/noticia/2015/08/31/1130518/6-motivos-elegir-carrera-docente.html

    Ibarra, L.R. (2017). Educación integral. Recuperado de
    http://www.oei.es/historico/divulgacioncientifica/?Educacion-integral

  3. LIZETH ZAMBRANO AGUIRRE

    Cuando me preguntan ¿por qué decidí estudiar una licenciatura?, viene a mi mente una situación que viví cuando tenía 7 años, recuerdo que en el colegio nos preguntaron: ¿Qué quieren ser cuando sean grandes?, para la cual yo respondí: quiero ser profesora, en esa época no tenía gran conocimiento de la vida, por lo cual conteste con lo poco que conocía.

    En mis últimos años de colegio, una licenciatura no era mi prioridad, puesto que me sentía incómoda hablando en público, poco me gustaban los niños, no tenía paciencia. De ahí que en mi cabeza, únicamente estuvo la idea de estudiar una carrera que me permitiera ejercer un trabajo de oficina, donde el manejo de personal fuera limitado.

    Sin embargo, con el paso del tiempo llegué a conocer diversas situaciones de la vida y necesidades sociales. Por tanto, decidí estudiar una licenciatura, con el ánimo de aportar a favor de la sociedad desde mi profesión y me encamine a la informática, porque conocí varias personas que no aprovechan las nuevas herramientas tecnológicas que nos rodean. Se podría decir que me encamine en la profesión de ser docente por una esperanza de cambio, así como Moreno Montilla (2008) lo afirma:

    Los docentes nos embarcamos cada día en una labor de formación con la fe ciega en que este mundo se puede mejorar y no sólo por una cuestión profesional, sino por una cuestión vocacional. Los conocimientos y valores que transmitimos a los alumnos son una apuesta por un futuro mejor y más justo.

    Ahora bien, no basta con ser optimista, es necesario que todo lo que un día imaginamos hacer en beneficio de nuestra sociedad, lo hagamos realidad con nuestros estudiantes. Por tanto, es preciso que cada día orientemos nuestra labor como docentes, hacia una formación integral de nuestros niños, adolescentes y jóvenes; por eso, para lograrlo es inevitable, innovar en nuestras aulas de clase.

    Domínguez Garrido, Medina Rivilla, & Sánchez Romero (2011) afirman:

    (…) en el aula se innova el proceso de enseñanza-aprendizaje, cuando la comunidad educativa afianza una cultura de colaboración que atañe a todos los participantes, estimula el liderazgo del docente y se vivencia con auténtica responsabilidad la acción educativa en todo el contexto escolar (p. 66)

    Así como lo afirman los autores, debemos tener en cuenta a todos los participantes de la comunidad educativa en nuestra búsqueda de la innovación en las aulas. Lo ideal sería que todos los integrantes dejen de ser actores pasivos en el proceso de enseñanza-aprendizaje y busquen colaborar, para lograr una formación integral de los estudiantes.

    Por tanto, si logramos formar integralmente a nuestros niños, beneficiamos a nuestra sociedad y de este modo, llevaremos a la realidad nuestras ideas optimistas que nos motivaron a estudiar una licenciatura, así como lo afirma Díaz Monsalve & Carmona Agudelo (2010) “el logro de este ideal de formación integral implica la preparación de los estudiantes en la opinión y participación pública en torno al bien colectivo y personal” (p. 10).

    Finalmente debo decir, cada día que ejercemos nuestra labor como docente es una oportunidad para cambiar un poco el mundo.

    “Logra cambiar el pensamiento de una persona y este será el comienzo para cambiar el mundo”

    Referencias

    Díaz Monsalve, A., & Carmona Agudelo, N. C. (2010). La formación integral: una mirada pedagógica desde los docentes. Colombian Applied Linguistics Journal, 12(1), 7-26. Recuperado de http://www.scielo.org.co/pdf/calj/v12n1/v12n1a02.pdf

    Domínguez Garrido, M., Medina Rivilla, A., & Sánchez Romero, C. (2011). La Innovación en el aula: referente para el diseño y desarrollo curricular. Perspectiva Educacional, 50(1), 61-86. Recuperado de https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/3579404.pdf

    Moreno Montilla, F. (05 de octubre de 2008). ¿Por qué ser docente? La Rioja. Recuperado de http://www.larioja.com/20081005/opinion/docente-20081005.html

  4. JENNIFER ANDREA BOLAÑOS CABEZA

    La profesión docente es quizá la ocupación más completa de todas, pues es la que forma a las demás carreras y puede llegar a ser tan compleja si no se tiene ciertas cualidades como: ser organizado, responsable, justo, paciente, buen orador, creativo, administrador y hasta en algunos casos humorista o actor, teniendo en cuenta que en un aula de clases se pueden encontrar alumnos visuales, auditivos o kinestésicos, quienes necesitan de diferentes métodos de enseñanza al momento de aprender.

    Ahora bien, la pregunta es ¿dónde aprendemos estas cualidades?, claro está, no es en la universidad, ya que ésta se enfoca en lo disciplinar y por consiguiente lo anterior solo se aprende y desarrolla con la experiencia que vamos adquiriendo en nuestra práctica pedagógica, como lo afirman Cuadra & Catalán (2016) “El proceso de práctica profesional resulta altamente valorado y posicionado por los profesores como una experiencia de intenso aprendizaje (…)” (p.316).

    Por otra parte, algo que se critica en la carrera y que muchos tienen conocimiento, es que ésta no brinda en su totalidad lo que realmente se necesita en el ámbito laboral, debido a que los conocimientos obtenidos se quedan cortos al momento de enfrentarnos en el quehacer docente, trayendo preguntas como: ¿qué debo hacer frente a un accidente dentro del aula?, ¿cómo se maneja un grupo de estudiantes?, ¿cómo procedo con estudiantes indisciplinados?, ¿cómo mantengo su atención?, en fin, infinidad de preguntas a las cuales sus respuestas las hemos encontrado en referentes conformados por los profesores que tuvimos en nuestra época escolar y las pocas anécdotas que nos han contado nuestros docentes en la Universidad, con lo cual personalmente me he podido “defender” en la práctica. Realmente esa es la realidad de muchos, actuamos de acuerdo a modelos docentes, pero el problema radica en ¿qué tan adecuados son esos modelos?; por ende, nuestro deber como docentes en formación es no quedarnos con lo poco que sabemos o que nos ofrece la Universidad, hay que buscar e implementar diferentes metodologías hasta encontrar la que mejor se adecue a las necesidades de nuestros educandos.

    Finalmente, es importante resaltar que nuestra práctica docente es un tiempo para aprender, así como también para errar, donde cada acierto y desacierto es una oportunidad más para formarnos tanto personalmente como profesionalmente y en un futuro no volver a cometer los mismos errores; todo esto, con el fin de contribuir a un cambio en el sistema educativo y no entrar en la zona de confort de muchos docentes.

    Una vez concluidos los estudios universitarios, en parte, con carencias y vacíos el docente ingresa al ejercicio profesional o continúa con su ejercicio docente con un conjunto de saberes dispersos, difusos, superficiales que lo acompañan durante su desempeño; a los cuales se suman la rutina, conformismo, condiciones adversas del medio, ausencia de programas de formación y un abandono intelectual que se apodera del docente ayudado por la fragilidad de un compromiso que no ha podido desarrollar.(Díaz, 2006, p.97)

    “La práctica pedagógica es tanto para aprender como para errar”.

    REFERENCIAS

    Díaz, V. (2006). Formación docente, práctica pedagógica y saber pedagógico. Laurus, 12(Ext), 88-103. Recuperado el 02 de junio de 2018 de http://www.redalyc.org/pdf/761/76109906.pdf

    Cuadra, D. & Catalán, J. (2016). Teorías subjetivas en profesores y su formación profesional. Revista Brasileira de Educação, 21(65), 299 – 324. doi: http://dx.doi.org/10.1590/S1413-24782016216517

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